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Los intereses creados

Los intereses creados

La mejor síntesis que se puede hacer de «Los intereses creados» es su propio título que se presenta, tras conocer la obra, como un prodigio de alusión y una acertada configuración.

La mejor síntesis que se puede hacer de «Los intereses creados» es su propio título que se presenta, tras conocer la obra, como un prodigio de alusión y una acertada configuración. La obra presenta a dos pícaros que, aparentando ser grandes señores en una ciudad que visitan por primera vez, van creando una red de intreses de amistad y dinerarios, que les ayudarán a conseguir sus propositos en un momento determinado, cosa que de ninguna otra forma hubieran podido lograr.

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Jacinto Benavente

Jacinto Benavente y Martínez (Galapagar, Madrid, 12 de agosto de 1866 - Galapagar, Madrid, 14 de julio de 1954). Dramaturgo y director, guionista y productor de cine español. Era hijo del notable médico pediatra Mariano Benavente, circunstancia que suele relacionarse por el interés que mostró por la infancia en su libro «Niños» (1917) y en sus obras de teatro infantil. Inició los estudios de derecho en la Universidad Central de Madrid, pero, a la muerte de su padre (1885), los abandonó para dedicarse a viajar y a la literatura, llegando a conocer bastante bien la literatura europea de entonces. Sus primeras obras fueron un libro de poemas, «Versos», (y otro de cuentos, «Vilanos») y una obra de crítica, «Cartas de mujeres» todas publicadas en 1893. Consiguió estrenarse en el teatro con «El nido ajeno» (1897), gracias al actor Emilio Mario, pero la pieza fue vapuleada por la crítica y sólo la valoró Azorín. En este género se prodigó mucho: compuso a lo largo de toda su vida más de ciento setenta piezas. Su segunda obra, «Gente conocida» (1896), ataca a las altas clases de la sociedad; sin embargo esta crítica se va diluyendo por una amable reprobación en sus obras siguientes: «La comida de las fieras» (1898) y ya obtiene grandes éxitos con piezas como «La noche del sábado» (1903) y «Rosas de Otoño» (1905). En 1899, creó en Madrid el Teatro Artístico, en el que colaboró Valle Inclán y cuyo objetivo era representar un repertorio guiado por los intereses exclusivos del arte y por su intencionalidad regeneracionista en toda la amplitud del término. Su referencia más inmediata fue, como en otros casos, el Teatro Libre creado años antes por André Antoine en París. Entre sus propósitos, aluden a la escenificación de obras minoritarias y es perceptible un cierto elitismo endogámico en sus propuestas. A los treinta y dos años ya era un autor conocido y, tras pelearse con Valle-Inclán en la tertulia del Café Madrid, formó la suya aparte en la Cervecería Inglesa de la Carrera de San Jerónimo. Ingresó en la Real Academia Española en 1912, ocupó en 1918 un escaño en el Congreso de los diputados y en 1947 asumió, a título honorario, la presidencia de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores. En 1924 recibió el título de hijo predilecto de Madrid concedido por su Ayuntamiento. Conquistó preciados galardones: Premio Nobel de Literatura en 1922 «por haber continuado dignamente las tradiciones del teatro español», y la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio en 1924. Durante la Guerra Civil, Benavente permaneció primero en Madrid y luego en Valencia, donde las autoridades del Gobierno del Frente Popular le homenajearon repetidamente y donde llegó incluso a actuar en escena interpretando el papel de Crispín en su obra «Los intereses creados». Una vez terminada la Guerra Civil ello le creó serias dificultades, aunque él alegase repetidamente que sus tomas de posición le habían sido impuestas bajo amenaza de muerte. Se llegó incluso al curioso extremo de permitir la puesta en escena de sus obras pero sin indicar el nombre de su autor, que pasaba a ser «por el autor de La Malquerida». No obstante, su presencia en la Plaza de Oriente de Madrid, en la gran manifestación pro-franquista de 1947, presencia abundantemente comentada y fotografiada en la prensa, le congració el aprecio del Régimen y del silencio oficial que la censura había impuesto sobre su persona y sus obras, se pasó de la noche a la mañana a denominarle «nuestro ilustre comediógrafo», «nuestro preclaro autor teatral» y «nuestro gran Premio Nobel, Don Jacinto Benavente».

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